Concienciación social, ética, ecología, sabiduría, sostenibilidad, espiritualidad... Y otras historias
sábado, 1 de octubre de 2011
7 Principios de la ecología emocional
Dedicamos toda nuestra vida a entrenar nuestra mente: adquirimos conocimientos y nos enseñan a pensar, pero en el territorio emocional, en cambio, somos todos autodidactas, en mayor o menor medida.
Hay quien considera las emociones como obstáculos que interfieren en nuestra dimensión racional.
La ecología emocional sostiene que no es así y que las emociones son un lenguaje distinto y complementario.
Una mente inteligente pero desconectada de las emociones construirá mapas de decisión equivocados y peligrosos.
Las emociones dan color al paisaje y sirven para orientarnos en el mundo: nos indican si la ruta que hemos elegido es adaptativa o destructiva.
1 - principio de la autonomía personal
Ayúdate a ti mismo y los demás te ayudarán
2- Principio de la prevención de dependencias
No hagas por los demás aquello que ellos pueden hacer por sí mismos
3- Principo del boomerang
Todo lo que haces a los demás también te lo haces a ti
4- Principio del reconocimiento de la individualidad y la diferencia
No hagas a los demás aquello que quieres para ti. Pueden tener gustos diferentes.
5- Principio de la moralidad natural
No hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti
6- Principio de la auto-aplicación previa
No podrás hacer y dar a los demás aquello que no eres capaz de hacer ni darte a ti mismo
7- Principio de la limpieza relacional
Tener el deber de hacer limpieza de las relaciones que son ficticias, insanas y no nos dejan crecer como personas.
No somos responsables de lo que sentimos (las emociones no se eligen ni se planifican) pero sí de aquello que hacemos con lo que sentimos.
Lo que importa es cómo se gestionan, lo que se hace con ellas.
Escogemos nuestra actitud y nuestra conducta.
Pensar que algo no nos será dado sin que hagamos algo por ello y quejarnos por no recibirlo, contribuye a la contaminación emocional.
No busquemos la excusa de nuestras emociones que nos perjudican o perjudican a los demás en los hechos de los otros.
Busquemos la causa, siempre, dentro de nosotros mismos, porque ninguna emoción de ningún ser puede tener acción en nosotros si nosotros estamos protegidos por el escudo del Amor y vibramos en esa sintonía.
Tu eliges que deseas reflejar a tu entorno y eso mismo recibirás.
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viernes, 30 de septiembre de 2011
martes, 28 de junio de 2011
La vida es como un espejo
Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano. Él respondió así:
La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad. La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido. La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí.
"El que quiera ser amado, que ame".
La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad. La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido. La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí.
"El que quiera ser amado, que ame".
El llamado del Planeta Tierra
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miércoles, 22 de junio de 2011
El aliento de La Tierra
La mitad del oxígeno que respiramos proviene de los océanos.
Mantén nuestros océanos límpios
GREENPEACE
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martes, 21 de junio de 2011
DEUDA PRIVADA VS DEUDA PÚBLICA. No a la Ley Omnibus. No a los recortes sociales
Exposición teórica global de las causas, consecuencias y soluciones a la crisis.
15 de JUNIO. 22:00h.
Manifestación ante Parlament de Catalunya contra los RECORTES SOCIALES.
Miren Etxezarreta
Catedrática emérita de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y doctora por la London School of Economics
15 de JUNIO. 22:00h.
Manifestación ante Parlament de Catalunya contra los RECORTES SOCIALES.
Miren Etxezarreta
Catedrática emérita de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y doctora por la London School of Economics
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No hay caminos para la paz, la paz es el camino
“Es evidente que la No Violencia no es una forma de inacción o falta de voluntad sino lo opuesto. De hecho, es mucho más fácil alzar la voz o lanzar una piedra que mantenerse firme ante el embate de las fuerzas oscuras que constantemente incitaran el uso de la rabia y frustración.
PARA ACTUAR PACÍFICAMENTE HEMOS DE TENER CORAJE Y MUCHA FUERZA DE VOLUNTAD. Un movimiento basado en la conciencia tiene como objetivos el equilibrio y la armonía, en lugar del aniquilamiento del adversario. Por ello, decide perdonar sus errores y aplicar justicia si es necesario, enmendar rumbos y continuar el camino en pos de la colectividad a la que pertenece. Ese hermoso multiorganismo que algunos llaman sociedad, un reflejo Macro de el propio cuerpo humano, millones de conciencias que deciden su propio rumbo dentro del gran Ser, pero que a veces se vuelven contra si mismas al no comprender que son absolutamente codependientes”
Fabián Cabrera
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Indignarse era el primer paso tras abrir los ojos y contemplar los acantilados donde nos está llevando una mal modelo de sociedad y quienes la conducen. Pero las reacciones tras la indignación pueden ser de distinta naturaleza, y de elegir bien depende el futuro de los movimientos de cambio y el éxito de sus demandas.La vía de violencia, que al sistema le encantaría que tomáramos -incluso provocándolo- para desacreditar al activismo colectivo y para justificar contra-medidas, es un retroceso a niveles de conciencia que debemos precisamente dejar. En cambio, la vía pacífica, con firmeza y aplomo, puede convertirse en un arma de destrucción masiva de viejos paradigmas.
Fabián Cabrera, desde Chile, nos envía sus reflexiones en un momento en que todos los pueblos del mundo se están movilizando para cambiar las reglas de juego y el rumbo de todos…
Siete claves sobre el #19J
1. Cientos de miles de personas en la calle en sesenta ciudades es un éxito absoluto, más aún para una convocatoria que no ha contado ni con sindicatos ni con partidos pagando autobuses, megáfonos y pancartas. No hay precedentes de una movilización ciudadana tan masiva en España que haya nacido así, desde la acera y la Red.
2. La protesta fue, es y seguirá siendo mayoritariamente pacífica, por mucho que se haya querido criminalizar a todo este movimiento por los actos esporádicos de una minoría. Los mismos medios que primero despreciaron a los indignados como pulgosos y después los repudiaron como violentos hoy intentarán ningunear su capacidad de convocatoria, minimizando la jornada histórica de ayer. No funcionará.
3. La fuerza de todo movimiento político se basa siempre en dos cosas: tener razón y poder contarlo. La gran novedad de esta protesta es que los indignados controlan la comunicación. Tienen sus propios canales de información a través de Internet, al margen de los medios. Y además tienen razón.
4. Los indignados no son grandes gracias a la prensa sino a pesar de cierta prensa.
5. No son sólo pancartas y consignas, también hay una verdadera reacción social. Aún no se ha dado la importancia que merece al hecho de que estén consiguiendo parar los desahucios de quienes no pueden pagar la hipoteca de su casa.
6. Su influencia ya se nota incluso en el Parlamento, e irá a más. A partir de septiembre, el patrimonio y los ingresos de diputados y senadores será público. ¿Habría llegado esta política de transparencia, tantas veces retrasada, sin las protestas de este último mes?
7. Cuando las acampadas terminaron, el movimiento 15-M todavía estaba allí.
2. La protesta fue, es y seguirá siendo mayoritariamente pacífica, por mucho que se haya querido criminalizar a todo este movimiento por los actos esporádicos de una minoría. Los mismos medios que primero despreciaron a los indignados como pulgosos y después los repudiaron como violentos hoy intentarán ningunear su capacidad de convocatoria, minimizando la jornada histórica de ayer. No funcionará.
3. La fuerza de todo movimiento político se basa siempre en dos cosas: tener razón y poder contarlo. La gran novedad de esta protesta es que los indignados controlan la comunicación. Tienen sus propios canales de información a través de Internet, al margen de los medios. Y además tienen razón.
4. Los indignados no son grandes gracias a la prensa sino a pesar de cierta prensa.
5. No son sólo pancartas y consignas, también hay una verdadera reacción social. Aún no se ha dado la importancia que merece al hecho de que estén consiguiendo parar los desahucios de quienes no pueden pagar la hipoteca de su casa.
6. Su influencia ya se nota incluso en el Parlamento, e irá a más. A partir de septiembre, el patrimonio y los ingresos de diputados y senadores será público. ¿Habría llegado esta política de transparencia, tantas veces retrasada, sin las protestas de este último mes?
7. Cuando las acampadas terminaron, el movimiento 15-M todavía estaba allí.
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lunes, 20 de junio de 2011
Promoviendo la banca ética (catalán)
La banca ética se ha consolidado como una alternativa a la banca tradicional. Los bancos éticos anteponen las personas ante el beneficio económico, son transparentes en sus inversiones y dan créditos a proyectos sociales, culturales y medioambientales.
¿De dónde se obtienen los beneficios que nos ofrecen nuestros bancos tradicionales? La crisis económica ha desenmascarado la actividad especulativa de la banca en todo el mundo. Los bancos convencionales dan préstamos o forman parte de empresas que son cómplices con gobiernos dictatoriales, que finanzan guerras o que destruyen el medio ambiente, con el objetivo de conseguir una máxima rentabilidad con nuestro dinero. Tenemos una alternativa: La banca ética.
Con la banca ética se sustituyen la economía especulativa y la inversión en bolsa para la inversión en proyectos sociales, educativos y medioambientales. en Catalunya existen diversos bancos éticos: Triodos Bank, de origen holandés, opera en Catalunya. Funciona como un banco convencional: se puede domiciliar la nómina y sus recibos, puedes tener targeta de crédito... Pero con la diferencia que sitúa a las personas delante del beneficio económico. Fiare, de origen vasco pero con una fuerte presencia en Catalunya, gestiona ahorros y otorga préstamos a proyectos de tipo social y medioambiental.
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jueves, 16 de junio de 2011
No confundir las palabras con la verdad
Animación inspirada en uno de los cuentos publicados en el libro de historietas "El Zen habla", del dibujante y caricaturista taiwanés Tsai Chih Chung.
Deja de luchar contra tus pensamientos. Solo déjalos pasar
"Cambia tus pensamientos y cambiarás tu mundo" (Norman Vincent Peale) .
Un guerrero samurái intenta aquietar su mente, pero es perturbado por un inoportuno pensamiento (simbolizado por una mosca), el cual al ser atacado se multiplica y se convierte en un molesto enjambre. El guerrero consigue superar sus pensamientos (el enjambre de moscas) cuando decide dejar de atacarlos y se dedica a observarlos como quien observa una pintura o un paisaje: esto es, dejar de juzgar, aferrarse o rechazar los propios pensamientos, simplemente hay que dejarlos pasar.
Este cortometraje de animación 3D fue creado por Hanjin Song, como tesis para sus estudios en la escuela de arte y diseño Ringling de Florida, en 2006.
Los recortes sociales, esa triste realidad
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¿Qué es el zen?
Animación 3D inspirada en uno de los cuentos publicados en el libro de historietas "El Zen habla", del dibujante y caricaturista taiwanés Tsai Chih Chung.
Las porras policiales sueñan con derribar no los toldos, sino las razones de los toldos.
Parece mentira, pero no lo han entendido. Las imágenes de los acampados seguramente no bastan para quitarse de encima las costumbres felices y apacibles de una democracia próspera que ha empezado a dejar de serlo, como en otros países europeos. Demasiada gente empieza a sentir que la prosperidad es cada vez más cosa del pasado, que los recortes sociales no son papel mojado sino actuaciones políticas con efectos reales y quizá todavía algo más: que la misma clase política es la única responsable, para bien y para mal, de lo que sucede en el espacio público y no parece que tenga interiorizada esa responsabilidad ante quienes de veras están padeciendo el desempleo, las reducciones de salario o las rebajas de servicios. Eso dice el 15-M y eso decían los concentrados en la plaza de Cataluña de Barcelona imprudente y temerariamente desalojados por el consejero de Interior de la Generalitat Felip Puig.
Hay cálculo político en la actuación de la Generalitat: justificar la violencia frente a indignados y rebeldes
Algunos políticos no entienden que hay un polvorín de gente muy cabreada.
La coacción de los concentrados contra los diputados es obvia y obviamente reprobable: estaba anunciada ampliamente por ellos mismos. Pero era reprobable en la mañana del miércoles y también el día anterior. La pasividad de Felip Puig no fue desatención o negligencia sino cálculo político astuto e irresponsable: desertó del deber de proteger a los parlamentarios ante la amenaza conocida y yavisible. Pero prefirió no actuar.
El resultado de su inhibición forma parte de la estrategia retadora del personaje: ha dejado actuar a los jóvenes movilizados para justificar ante las cámaras y en horarios de máxima audiencia que la única manera de actuar contra los descontentos, indignados o rebeldes sociales puros es la violencia. Y Artur Mas salió enseguida, en discurso solemne, hablando de violencia callejera y del traspaso inadmisible de las líneas rojas. Lo ha dicho como si no supiese que hay un polvorín social de gente muy cabreada y al borde de la incomprensión, de no saber qué hacer y de tener miedo físico al futuro.
Para demasiados políticos es como si la euforia de sus victorias electorales les hiciese creer que más o menos todo sigue igual y estos enredos no van a desinflar el globo de sus pequeñas victorias, o como si nada demasiado grave estuviese pasando y el movimiento del 15-M fuese una expresión nostálgica del 68 (¡ay, el 68...!) o un residuo menor de la agitación de épocas periclitadas.Yo creo que se algunos políticos se han olvidado completamente de lo que significa la violencia callejera como reacción explosiva contra el desánimo, el miedo o la sensación de no pintar nada. Cuando los políticos reclaman cordura a los movilizados parecen olvidar que están ahí precisamente para expresar la falta de cordura de obviar sus protestas, de no entender que expresan un malestar de fondo y forma que tiene que ver con la indiferencia de fondo y la tolerancia de forma con que han sido escuchadas y digeridas sus protestas.
Algunos, en nuestras Cámaras de representación política, parecen estar fuera del planeta Tierra; y quizá son demasiados quienes necesitan llamadas tan crudas de atención como la de ayer para comprender que la irritabilidad social, la abstención electoral y el voto en blanco son ingredientes activos del deterioro de la confianza en el sistema y del empobrecimiento contable, material, de las condiciones de vida de muchos ciudadanos (por cierto, entre ellos, muchos, muchos con carrera y estudios universitarios, y no precisamente agitadores profesionales, aunque a este paso vayan a acabar siéndolo).
Artur Mas ha enfatizado la legitimidad de la violencia policial en democracia para preservar la función del Parlamento. Tiene razón: lo que no se comprende es que deba poner énfasis en una obviedad semejante y tampoco se comprende bien si sabe o no sabe que esa declaración es la mejor forma de alimentar una espiral descontrolada de violencia. Las amenazas de su chulo de guardia en Interior y las suyas propias apelando a la legitimidad de la violencia engendrarán indefectiblemente un efecto de violencia mayor en los movilizados.
Tener el monopolio de la violencia obliga a ejercerla con cálculo y previsión, sobre todo cuando se está ya informado de la acción coactiva prevista nada menos que contra parlamentarios. Si no fuese una irresponsabilidad por mi parte, diría que tanta pasiva imprevisión es una estudiadísima desactivación de las razones de los movilizados por la vía de las imágenes televisivas, el humo, las carreras y el acoso (intolerable e inaceptable) a los parlamentarios. O la imagen del caos, como dijo Mas, obviando por completo lo que significan de verdad el caos y la violencia callejera.
Quizá muchos de ellos no han acabado de entender las razones de fondo y forma de una movilización con mayoritario ánimo de regeneración democrática y que precisamente por eso acude a las puertas del Parlamento. De golpe va a resultar que el modo de desactivar al M-15 va a ser convirtiéndolo en agitación revolucionaria de vieja estirpe sin respetar ni entender lo que de veras significa: el rechazo a la debilidad política frente al poder del dinero, la incapacidad para mitigar el alcance social de los recortes y la insensibilidad ante el debilitamiento del Estado social cuando más falta hace. Las porras policiales sueñan con derribar no los toldos, sino las razones de los toldos.
Jordi Gracia es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Barcelona.
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Indignados con causa. Desobediencia civil.
Rechazan un sistema político obturado en su representatividad y que es rehén del poder económico
Las relaciones entre el Estado y el sistema capitalista han pasado por tres etapas. En la primera, el Estado –laissez faire, laissez passer– se limitaba a preservar un espacio de libertad y seguridad. En la segunda, el Estado devino intervencionista, para limitar los abusos que la situación anterior propiciaba, mediante la creación del Estado de bienestar. Y en la tercera, ante lo que se juzgó un exceso intervencionista, el sistema capitalista ha optado por suplantar al Estado y ocupar su lugar, mediante un doble proceso de liberalización y desregulación. El banquero Sigmund Warburg lo explicó así: "La Segunda Guerra Mundial fue una guerra entre la democracia y la autocracia, que ganó la burocracia".
En esta fase nos hallamos hoy: el Estado está sometido –como sistema jurídico– a un proceso de desguace por una doble vía de privatizaciones y desregulaciones. Este proceso exige –como todos– una justificación que viene dada por una corriente de pensamiento atisbada por Hannah Arendt, hace años, en La condición humana. Arendt anticipó lo que hoy sucede: el predominio de la mentalidad privado-profesional en la vida de la mayor parte de las gentes, que dejan el espacio público en manos de los políticos profesionales, a los que se limitan a votar periódicamente sin inmiscuirse luego en su gestión.
Se consolida así un totalitarismo permisivo que concede al ciudadano una amplia gama de gratificaciones sensibles, con el fin de que se abstenga de intervenir en los procesos públicos, que son gestionados por expertos procedentes de los grupos de presión surgidos en torno a los poderes financieros. Si añadimos que el sistema de partidos ha mutado en una partitocracia burocratizada, integrada por políticos de hoja perenne, el resultado está servido: una obturación del sistema político, manifestada en una falta grande de receptividad a las demandas de los ciudadanos que no están instalados. Así las cosas, ¿a quién puede extrañar que comiencen a ceder las costuras del sistema, cuando la economía decae y disminuyen las gratificaciones sensibles con las que neutralizar a los ciudadanos?
En este marco se inscribe la reacción de los indignados, expresada en sus acampadas, que supone antes que nada un rechazo frontal al sistema. Por eso son absurdas las descalificaciones de este movimiento, con el pretexto de la falta de rigor e inviabilidad de sus propuestas. Lo que importa no es lo que piden, sino lo que rechazan: un sistema político obturado en su representatividad profunda y que es rehén, hoy más que nunca, del poder económico acumulado por las instituciones financieras. De ahí que las acampadas deban ser percibidas como un síntoma claro de una enfermedad grave.
En resumen: la obturación del sistema político hace que se desborden los cauces de participación establecidos y se pase a la desobediencia civil.
Éste es su pensamiento:
1. La desobediencia civil surge cuando un grupo significativo de ciudadanos se convence de que los canales para conseguir cambios están obturados.
2. No puede equipararse la desobediencia civil con la criminal, porque hay una gran diferencia entre el criminal que se oculta y el desobediente que desafía la ley a la luz del día. Además, a diferencia del revolucionario, el desobediente civil acepta la autoridad existente y la legalidad general.
3. Las sociedades modernas están sujetas a un acelerado proceso de cambio, que el derecho legaliza una vez producido, pero que suele ser resultado de acciones extrajurídicas. Ante este cambio, los canales de participación política de los ciudadanos son muchas veces insuficientes.
4. Por esta razón, a la desobediencia civil le corresponde una relevancia creciente en las democracias modernas: constituye una manifestación extrema del derecho del pueblo a asociarse para reclamar al gobierno o para protestar por sus decisiones.
5. El derecho a asociarse para disentir tiene su fundamento en el hecho de que la obligación moral de cumplir la ley nace del consenso originario fundacional del Estado, que limita el poder de los ciudadanos y fundamenta el poder del Gobierno, pero que no enerva el derecho de aquellos a participar en las tareas públicas.
6. Este consenso originario implica el derecho a disentir, de lo que resulta que la asociación para manifestarse –o para acampar– puede llegar a ser el único medio de acción.
Hasta aquí el discurso de Hannah Arendt, que –es cierto– difícilmente puede ser asumido por un juez a la hora de juzgar, pero sí debe ser tenido en cuenta por los políticos al reaccionar frente a los actos de desobediencia. Las soluciones de fuerza atajan los síntomas, pero no curan el mal. Y la enfermedad existe. Para darse cuenta de ello basta con hacerse esta pregunta: de verdad, de verdad de la buena, ¿quién manda?
Juan-José López Burniol
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¿Ahora soy yo el violento?
¿Ahora soy yo el violento? ¿Me robas mis derechos para dárselos a las grandes fortunas y ahora soy yo el violento? ¿Qué es violencia para ti?
Violentos son los Paraísos Fiscales, las SICAV y las Agencias de Calificación. Violentos son los bancos. Es violento nacionalizar las pérdidas y privatizar los beneficios. Violentos son los causantes de 5 millones de parados y de la fuga de jóvenes talentos a países más prósperos. Violenta es la politización del Poder Judicial, los partidos que incluyen imputados por corrupción en sus listas, el salario mínimo interprofesional (641,40€), los contratos basura, los recortes en sanidad y en educación. Violentos son los europarlamentarios que votaron seguir viajando en First Class. Violentos son los sueldos cada vez más altos de los altos directivos del IBEX, violentos son los bonus millonarios a ejecutivos de entidades rescatadas a mi costa, violento es prometerme para camelarme cada cuatro años y luego darme la espalda. Violento es quitarme las ganas. Violenta es la situación de mi amigo Juanma, padre con dos hijos que trabaja su taxi 18 horas diarias para no llegar a fin de mes.
Hoy TODOS los medios de masas (prensa, radio y televisión) se han mostrado indignados con los indignados. TODOS han dirigido sus focos hacia esos cuatro imbéciles aislados que ayer lanzaron piedras, mancharon la chaqueta de una parlamentaria y obligaron al President de la Generalitat a desplazarse en helicóptero (¿?). TODOS (excepto 20minutos) han usado a esos cuatro imbéciles para deslegitimizar el movimiento del 15-M. TODOS, en fin, han cerrado filas en torno a esa otra democracia.
En apenas unas horas los indignados ya hemos dejado de ser demócratas. Ahora, según el cuarto poder en bloque, la verdadera democracia vuelve a estar en el Parlament (y en el Congreso, por extensión); y los auténticos demócratas vuelven a ser esos tipos de sordera selectiva que siguen gobernando y decidiendo de espaldas al pueblo.
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No más lecciones de democracia
A nadie pueden gustarle los sucesos acontecidos en los alrededores del Parlament. Solo aplaudirá quien busque otra oportunidad para destruir por destruir. La indignación no justifica la coacción, ni la violencia. De cualquier intensidad, contra un diputado o un transeúnte. Pero igualmente justo es reconocer que ese ni es, ni ha sido, el sello del #15M. Más bien, constituye la excepción.
Conviene también poner las cosas en perspectiva para valorar mejor su gravedad. Noviembre del 2005, en los primeros meses del cambio de gobierno bipartito y en el Parlamento gallego: un centenar de alcaldes del PP, perfectamente organizados y sincronizados, interrumpen el pleno desde la tribuna de invitados con un sorprendente repertorio de gritos, amenazas e insultos contra sus señorías. La policía los desaloja con imágenes de espectacular crudeza. A los diputados del PP les pareció tan democrático y tan sano que, al día siguiente, ocuparon ellos la tribuna mientras los mismos alcaldes bloqueaban el acceso al Parlamento. A nadie, ni siquiera a mi, ni siquiera hoy, se le ocurrió decir que el PP fuera un peligro para la democracia, o un movimiento que hubiera traspasado las traídas y llevadas líneas rojas. En muchos de los medios hoy alarmados por el #15M, más bien se culpó al bipartito por insensible. Ya puestos a examinar talantes democráticos, qué decir de esas fiestas de la libertad de expresión y la democracia bien entendida que suponen cada año los insultos y amenazas a Zapatero en el desfile de la Hispanidad; los mismos donde tantos no perciben más que sana ira ciudadana.
La máquina de machacar al #15M ya está en marcha. Si se indignan en Sol, malo para el comercio. Si lo hacen en la Ciutadella, malo para la democracia. Por lo visto, solo pueden indignarse en su casa. Ya solo falta descriogenizar al Cojo Manteca. Inútil consuelo refugiarse en semejante debate para evitar las cuestiones mayores planteadas desde las plazas. No se puede ilegalizar el descontento, ni prohibir la insatisfacción.
No más lecciones de democracia. Por favor. Aún sigue aguardando respuesta el malestar mayoritario por el cínico funcionamiento del sistema. También espera tanta indignación por unas políticas que solucionan los problemas de quienes crearon la crisis feroz y se han hecho ferozmente ricos. La pregunta ya no es qué van a hacer los acampados, o qué piden. La cuestión es qué van a responder las instituciones y actores interpelados.
Ni la democracia real está en las plazas, ni en los Parlamentos se refugian los secuestradores de la democracia. Lo mejor del #15M ha sido su voluntad de recuperar la dimensión deliberativa de la democracia. No caigamos en el error de reemplazar un conjunto de simplezas por otro mayor y más simplón. Para no acabar siendo juguetes rotos de cuatro oportunistas, los indignados deberían tener muy presente la realista sabiduría de Chesterton cuando dijo que no se puede hacer una revolución para tener la democracia, hay que tener la democracia para hacer una revolución.
Antón Losada Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela
Conviene también poner las cosas en perspectiva para valorar mejor su gravedad. Noviembre del 2005, en los primeros meses del cambio de gobierno bipartito y en el Parlamento gallego: un centenar de alcaldes del PP, perfectamente organizados y sincronizados, interrumpen el pleno desde la tribuna de invitados con un sorprendente repertorio de gritos, amenazas e insultos contra sus señorías. La policía los desaloja con imágenes de espectacular crudeza. A los diputados del PP les pareció tan democrático y tan sano que, al día siguiente, ocuparon ellos la tribuna mientras los mismos alcaldes bloqueaban el acceso al Parlamento. A nadie, ni siquiera a mi, ni siquiera hoy, se le ocurrió decir que el PP fuera un peligro para la democracia, o un movimiento que hubiera traspasado las traídas y llevadas líneas rojas. En muchos de los medios hoy alarmados por el #15M, más bien se culpó al bipartito por insensible. Ya puestos a examinar talantes democráticos, qué decir de esas fiestas de la libertad de expresión y la democracia bien entendida que suponen cada año los insultos y amenazas a Zapatero en el desfile de la Hispanidad; los mismos donde tantos no perciben más que sana ira ciudadana.
La máquina de machacar al #15M ya está en marcha. Si se indignan en Sol, malo para el comercio. Si lo hacen en la Ciutadella, malo para la democracia. Por lo visto, solo pueden indignarse en su casa. Ya solo falta descriogenizar al Cojo Manteca. Inútil consuelo refugiarse en semejante debate para evitar las cuestiones mayores planteadas desde las plazas. No se puede ilegalizar el descontento, ni prohibir la insatisfacción.
No más lecciones de democracia. Por favor. Aún sigue aguardando respuesta el malestar mayoritario por el cínico funcionamiento del sistema. También espera tanta indignación por unas políticas que solucionan los problemas de quienes crearon la crisis feroz y se han hecho ferozmente ricos. La pregunta ya no es qué van a hacer los acampados, o qué piden. La cuestión es qué van a responder las instituciones y actores interpelados.
Ni la democracia real está en las plazas, ni en los Parlamentos se refugian los secuestradores de la democracia. Lo mejor del #15M ha sido su voluntad de recuperar la dimensión deliberativa de la democracia. No caigamos en el error de reemplazar un conjunto de simplezas por otro mayor y más simplón. Para no acabar siendo juguetes rotos de cuatro oportunistas, los indignados deberían tener muy presente la realista sabiduría de Chesterton cuando dijo que no se puede hacer una revolución para tener la democracia, hay que tener la democracia para hacer una revolución.
Antón Losada Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela
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